Por: arquitecto Juan García Prieto Hay que salvarlo todo. Es mi vida entera, decía sosegada pero afirmativamente, mientras nos mecíamos en sendos sillones donde nos acomodamos el uno frente al otro. Se apretaba las manos entrecruzando los dedos. Me hablaba recorriendo con la vista las cuatro paredes de la sala de estar-comedor toda llena de fotos y recuerdos… Son todos mis amigos. Mis hijos, mis nietos. La familia. Los vecinos… es el barrio. Me comentaba a intervalos. Yo nací aquí, las reuniones, las fiestas, eran ya una tradición. Nos prestaban los locales, dentro del Zoológico, las fiestas de los ancianos, o en el comedor comunitario, con los niños en el Plan de la Calle… Teníamos una Sociedad de Vecinos, en una casa si no se entregó, creo que la convirtieron en vivienda… Mi abuela Josefa (Fernández Rodríguez) vino de España en 1819, en la finca del Obispo, en los terrenos donde después hacen el Zoológico y entonces se mudan para acá, para Mazarredo. Ya existía la tradició...
Estamos escribiendo la historia de Plaza de la Revolución de manera participativa.